Últimamente ando con una vorágine de ansiedad. Una amiga me dijo que existe algo llamado la astenia primaveral, que básicamente es ansiedad y estrés con outfit estacional.
La cuestión es que ando con un aire desesperanzador; digamos que el libro que estuve leyendo (Mejor hundirse con belleza que flotar sin gracia) tampoco ayudó demasiado. Siento que todo se mueve demasiado rápido y que la dirección que va tomando el mundo realmente no tiene sentido, y no tiene pinta de que vaya para bien la cosa.
Trabajo en tecnología y eso incluye que el boom de la IA nos ha tragado por completo. He ido a varias charlas ya y, en general, siento que hay una relación pendular con el tema: la gente con FOMO y la gente que cree que será nuestra salvación. ¿Y yo dónde estoy? Mirando desde dentro, disociada de esta postura, con mi propio péndulo interno, entendiendo que algo tengo que aprender y rezando para que quienes creen que será nuestra salvación tengan razón, pero sin mucha fe realmente.
Aun así, estoy tratando de entender y conectar con hacia dónde y por qué de mi camino, reconectando con mis búsquedas, intentando mantener un ritmo lento y contemplativo en un mundo donde la sensación de que una ola nos embiste es lo cotidiano.
Así que, en ese intento, he vuelto a pintar; de a poco estoy retomando el verme con amigues que me aporten algo de luz, con quienes charlar del sinsentido y de lo profundo. La escritura es algo que va y viene, pero hace poquito mandé mi primera carta a mi hermana, con pequeños pasos para recordar que, aunque pasen cosas grandes en el mundo, lo pequeño no se detiene.
La frase la escuché en el nuevo standup de Trevor Noah y me resonó mucho. El show estuvo bien, pero definitivamente no es el mejor que ha hecho.