Este año me puse varios objetivos, pero no quería que fuesen genéricos y difíciles de medir, en plan “hacer deporte dos veces a la semana”. Creo que luego es muy difícil decir si realmente “sí, lo hice”. Entonces intenté que los objetivos que me planteara fuesen más bien un momento específico que marcara un antes y un después. Algo que englobara buenos hábitos que me quería proponer.
Así que me puse como objetivo correr 5 km, y para eso me estuve preparando durante seis semanas.
Mi primer acercamiento
Decidí ponerme este objetivo después de salir a correr con una amiga al Retiro. Ella ya tenía experiencia: salir a correr, hacer body pump, body combat… vamos, todo lo que en el nombre del entrenamiento diga “muy muy difícil”, ella está ahí metida de cabeza. Así que le dije que fuéramos juntas.
Ese día hicimos corrida de intervalos: caminábamos 3 minutos, corríamos 1 min 30 seg, y eso lo repetimos 8 veces (aproximadamente 40 min). Esa experiencia no solo me sirvió para que ella me diera todos los tips y buenas prácticas, sino sobre todo para ver que yo no estaba tan mal como pensaba.
Al poco tiempo mi pareja empezó a hacer remo los sábados por la mañana, así que aproveché que él se levantaba temprano para salir juntes y animarme a correr.
La elección de la carrera
Un sábado, después de estar corriendo por Casa de Campo, me di cuenta de que podía correr sin morirme, y dije: “listo, este es mi objetivo”. Así que me anoté a la carrera del Año Nuevo Chino. ¿Por qué? No sé, fue la primera que me apareció.
El proceso
Arranqué suave, sobre todo porque había leído mucho que la gente suele lesionarse las rodillas y no quería hacerme daño. Lo gestioné así:
Semana 1: salía algún día de la semana y el sábado seguro. Arranqué corriendo 1 min y caminando 2.
Semana 2: solo fui un sábado porque estaba enferma y escuché a mi cuerpo, así que me di descanso. Corrí 1 min y caminé 3 min.
Semana 3: intentando recuperar después de la enfermedad. Me costaba aún respirar y seguía con tos. Corría 2 min y caminaba 2 min.
Semana 4: esta semana hice poco y nada.
Semana 5: acá arranqué a proponerme correr el mayor tiempo posible. Iba tres veces por semana y corría todo lo que podía; si me cansaba, caminaba 1 min.
Semana 6: una semana antes de la carrera ya podía correr 5 km, pero necesitaba parar unas tres veces. Me llevaba hacerlos aproximadamente 40 min.
Dos semanas antes de la carrera
Antes de inscribirme hice un test del recorrido que habían subido en la página (que luego no me sirvió porque cambiaron el recorrido). Aun así fue una excelente experiencia. Estuve registrando y mandándome audios con todo lo que se me iba cruzando por la cabeza.
Ahí me agarró el miedo de no poder medirme bien, porque cuando hay mucha gente corriendo alrededor es difícil escuchar el cuerpo. Como que es más fácil perder referencia y empujarse más de lo que se debería. Pero aun así decidí inscribirme, con la alerta levantada pero con confianza.
El día de la carrera
Me desperté, me puse mi ropa para correr y comí dos galletas de arroz, porque no me entraba nada más de los nervios. Salimos para llegar con tiempo.
En el metro me empecé a rayar porque no había pegado el dorsal a la camiseta y no sabía cómo lo iba a hacer. Yo creo que en realidad estaba buscando motivos para direccionar los nervios.

Llegamos y, obviamente, había ganchitos para colgar los dorsales, así que eso hice y empecé a calentar. Había mucha, mucha gente, así que era medio angustiante y adrenalínico.
La carrera terminó arrancando 20 minutos más tarde, lo cual hizo que la ansiedad bajara bastante, pero también que el frío calara.
Finalmente arrancó la carrera. Estaba contenta y decidida a escucharme e ir a mi ritmo. El primer kilómetro estuvo sencillo. A partir del 2,5 km la gente ya se empezaba a cansar, así que era más fácil correr porque no había tanta gente tan cerca mía.
Al kilómetro 4 aproximadamente había una subida y me negaba a parar a caminar, sobre todo porque sabía que podía. El último kilómetro fue el más sencillo, sobre todo porque, como ya había hecho el recorrido, sabía que estaba cerca de la meta, y ahí la adrenalina me subió aún más.
Terminé la carrera en 32 minutos.
Contentísima y orgullosa de mí misma, porque al día siguiente estaba bien: no me hice daño, me escuché, me entrené y, sobre todo, fui constante respetando lo que me pedía el cuerpo.