Querida Nina:
El otro día te pensé. En líneas generales, estás en segundo plano de mi cabeza: te recuerdo a menudo, pero, por sobre todo, sueño con vos.
Te recordé porque me suscribí a un epistolario y recibí mi primera carta. Creo que es algo que te hubiese gustado que hiciéramos juntas; quién sabe, capaz es algo que ya haces.
No estaba segura de si escribirte o no esta carta. Creo que hoy en día es algo muy cargado el “te escribí una carta”, sobre todo si eres un fantasma del pasado y no formas parte del “presente”, pero yo creo que aún, en cierta parte, lo sos…
Además de la carta que me llegó, estoy terminando el libro de “Correspondencia” de Victoria y Virginia, y no puedo dejar de pensarte como Virginia, que tenía una dulzura y una amabilidad, pero que había una oscuridad en ella que no quiere salir a la luz, pero lo hace. Creo que entenderías a qué me refiero.
Si en algún momento terminas leyendo esto, por casualidades de la vida, espero realmente que te encuentres bien, donde estés. Ojalá estés escribiéndole una carta a alguien, compartiendo tus reflexiones y tus momentos.
Tuya,
